En el paso o transición que se da del paleolítico al neolítico, en cuanto al arte es tomado por muchos como insignificante, sin embargo el hombre da pasos importantes hacia la construcción de un mundo de significados. Uno de gran valor es precisamente la construcción de estas redes de significados que se dan en un pensamiento religioso, más allá de la magia para dar cuenta de ciertos fenómenos o intervenir en las relaciones causales. Esto representa la construcción de una cosmovisión, una teogonía y una teodicea, un entramado.
Se puede afirmar que en el siglo veinte la palabra “forma” ha sido entendida como “vida”, pero dicha noción a lo largo de la historia siempre ha traído consigo problemas indisolubles para el pensamiento, dentro de lo que cabe, podemos decir que su gran problema, y el mas clásico es la disociación entre forma y materia que ha habido en la cultura occidental desde siempre y que ha sido tema de discusión desde siempre.
Uno de las palabras más usada en los discursos políticos en la historia es “pueblo”, combinadas con arengas y justificando cualquier cantidad de atrocidades y gobiernos totalitarios. En este artículo tomaremos una reflexión que hace Cecilio Acosta sobre la noción de pueblo y cómo este es usado para opacar o aislar a una parte de la totalidad, que normalmente le es útil para hacerse con el poder. Es un tema que no pierde vigencia en nuestra actualidad y que parece amenazar con seguir ocurriendo.